Chin chin por nuestros muertos

Tuve la fortuna de compartir parte de mi camino con dos seres maravillosos, Daniel y Florinda. Ellos siempre se esforzaron por entregar todo su amor. Con frecuencia repetían dichos como: “hay que estudiar para ser alguien en la vida”, “Así como lo ven lo tratan”, “mejor ser pobre pero honrado” y otros tantos dichos que se han trasmitido de generación en generación y que mis abuelos repitieron, sin filosofar tanto al respecto. Hoy pienso que quizá lo hacían con la buena intención de cuidarnos y que nosotros, sus nietos, pudiéramos ser mejores personas y tener oportunidades de vida que ellos no tuvieron.
 
Eso mismo que soñamos tú y yo de maneras distintas para las nuevas generaciones.
 
Quizá en ese entonces, en mi niñez pude interpretar cada una de estas frases como normas que debía cumplir al pie de la letra, pero con el tiempo he ido comprendiendo de otras maneras sus enseñanzas y es que no hay que estudiar para SER alguien, porque somos y ya; que la gente nos trata de acuerdo a sus prejuicios y que cada quien nos mira de acuerdo a cómo la vida le ha tratado.
 
Y aunque el tiempo pasa sigo filosofando y no encuentro la relación entre pobreza y honradez, cómo a alguien se le ocurrió decir que “es mejor ser pobre pero honrado”, y entonces se me revuelven mis ideas y me transportan a los ricos que han llegado a donde están con su falta de honestidad y siento compasión al pensar que tal vez no tuvieron unos abuelos que les enseñaran con su ejemplo aquello tan importante, porque definitivamente se vive más tranquilo siendo honesto que pasando horas en vela del remordimiento que causa el estar robando.
 
Lo que nunca supieron mis abuelos antes de partir de este mundo, fue que lo mejor que nos dejaron, no fueron las reflexiones en torno a esos refranes que repetían una y otra vez, sino su ejemplo, su actitud de lucha, su deseo de dar lo mejor de sí, su amor cuando llegaban con el café recién hecho en la mañana a la cama, el aroma a fresas recién cortadas en su finca, su creatividad para generar nuevos ingresos, su amor y su cuidado.
Si te detienes a pensar en lo que te dejaron esos seres queridos que fallecieron, tal vez coincidas conmigo que no fueron sus títulos, ni la casa que dejaron como herencia, ni su postura política, ni religiosa y todo eso que también se enterró junto a sus cuerpos.
 
Fueron sus palabras, sus actitudes, su sonrisa, sus actos de amor, sus cuidados, los que aún permanecen en tu memoria, eso que extrañas todos los días y que sigue vivo y latente en tu corazón. Hoy aunque extrañemos la presencia física de aquellos seres amados, lo que logra animarnos es todo eso que llevamos como tesoros guardados en lo profundo de nuestro ser.
 
Por eso quiero animarte a que en este mes los recuerdes y honres su memoria brindando por la vida, por el placer de haber compartido caminos. Qué tal si aprovechas el tiempo para revivir actividades que hacían juntos y que hoy puedes disfrutar con tus seres amados. Qué tal si recuerdas historias gratas que simplemente al conversarlas te vuelven a dibujar una sonrisa en el rostro.
 
Daniel y Florinda ya no están físicamente presentes pero dejaron lo bello en mí. Su esencia que seguiré amando hasta que deba partir. Por eso en memoria de ellos decidí vivir, sonreír, compartir con los que me quedan, al igual que ellos luchar y dar lo mejor de mí, para que cuando yo muera, más que refranes, sean mis actos de amor los que me mantengan en la memoria de los que quedan y pueda así vibrar diariamente en sus corazones, como siguen vibrando mis abuelos en mí.

¿Quieres hacer algo especial para honrar a tus seres queridos fallecidos? Recuerda que La mejor manera de honrarlos es cuidando tu esencia y viviendo.

¡Salud por la vida! ¡Salud por los que viven en ti!

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